Eclipse de luna, estallido de sol

Foto: Adriana Semprún

“Durante aquella larga marcha hacia Znojmo, combatía el frío cada noche imaginando que podía beber la luz de las estrellas, una por una,  y sentirla recorrer el laberinto de mis venas como sopa caliente”.

Marcia Buskayeva (Cartas a F. Hendersson Miles ,1959)

 

Querido agente Smith:

Decía Platón que aprender es recordar. Yo creo que no es oportuno discutir con un muerto, pero me temo que si el conocimiento de la verdad es innato, y nuestro proceso de aprendizaje no es más que un ir abriendo la mente a aquello que sabemos porque en realidad nuestra alma lo conoce desde siempre, la dulce Andrea no habría rechazado mis ingeniosos  requiebros de amor para ennoviarse con un prometedor estudiante de Navales.

Siempre pensé que Platón era un cenizo. Imagine usted que descubre una célula terrorista cuyo objetivo es borrar Manhattan del mapa y cuando encierra a los barbudos en Guantánamo le dicen los jefes que en realidad ya se sabía, que descubrir es recordar… ¿resulta o no resulta frustrante? Pues quédese con ello, amigo mío,  que el premio del héroe no ha de ser otro que su nombre en una placa pegada con loctite en una pared en Langley.

Entiendo su sorpresa por este desvarío filosófico, pero a veces hay detalles que, como un chispazo, despiertan recuerdos de cuando a uno le hacían pensar en clase sobre estas cosas. ¡Qué se le va a hacer! Tuve maestros canallas que nos exigían razonar, pensar, extraer nuestras propias conclusiones, ser críticos incluso… ya sabe usted: aquella maldita democracia que nacía ante nuestros ojos, como queriendo transformar el dolor viejo de muerte en llanto de vida nueva. Agua pasada.

El caso es que, hablando de vida nueva y sabiduría antigua, la otra mañana me informa Martina, la mayor de mis nietas, usted ya sabe, que “el sol es una estrella que está llena de gas caliente”. Por si quedaba alguna duda, Casandra, la menor, como le digo, subrayó la declaración con su lengua de trapo: “¡ti, abebo, gas caiente!”. Y entre galleta y galleta, fui convenientemente instruido por una niña de tres años, ¡casi cuatro!, de que los planetas no son estrellas, se mueven alrededor del sol y hay unas rayas finas y blancas por las cuales giran sin salirse y así no chocan. Que el sol si te acercas quema mucho y de que Plutón está muy lejos. Aseveraciones firmemente remarcadas por su hermana: “¡muy ejos, abebo, Putón está muy ejos!”

Entienda, amigo espía, si es que un espía puede ser amigo, porque seamos sinceros, Smitty: si Langley  le ordena acabar con mi vida usted no se lo piensa, por mucho que haya descubierto en mí un remanso de bonhomía, humildad franciscana y beligerante pacifismo. Entienda usted, decía, que uno no espera una conferencia de nivel sobre el Sistema Solar cuando prepara el colacao a unas niñas tan pequeñas, si bien creo haberle advertido en alguna misiva anterior de la afición de sus padres a los astros y la naturaleza.

Le confieso que en estos tiempos absurdos en que gentes de fama y posición emplean tiempo, dinero y medios en defender que la tierra es plana, reconforta escuchar a una niña de tres años, “¡casi cuatro, abebo!”, una descripción tan natural de las cosas del firmamento. Recordé que Eratóstenes ya había medido el radio de la tierra y la inclinación de su eje siglo y medio antes de Cristo, que los curas de Salamanca ya le explicaron a Colón que la Tierra era como era y se quedaría sin víveres a mitad de camino en su ruta hacia las Indias y que, por tanto, siempre fue más fácil dejar que la gente pensara que las cosas son como se aprecian en lugar de explicar algo imposible de entender como la ley de la gravedad.

Los niños aceptan con naturalidad cualquier explicación sobre los fenómenos que aprecian, aunque con el paso del tiempo solo se queden con lo básico. Fue una experiencia explicarle a Martina, la mayor, usted ya sabe, por qué la luna se oscurecía durante el eclipse del verano pasado y que una hora después te dijera que la sombra de tu cabeza proyectada sobre el capó del coche era como un eclipse. Con tres años, aquella niña había entendido perfectamente el juego de posiciones, luces y sombras de la tierra, el sol y la luna; que el sol era como la farola, que la luna refleja la luz  y que si la tierra se cruza entre ambos la luna se oscurece. Fue un estallido de sol deslumbrante después de un eclipse hipnótico… ahora entiendo a los clásicos cuando escribían las cosas “a la luz del entendimiento”;

De creer a Platón, todos llevamos inscritos en el ser el conocimiento exacto de las leyes del universo. En cierto modo temo el día en que alguna de las dos pequeñas recuerde el significado de la materia oscura y me explique, con toda normalidad, entre apetina y apetina, que dado que se aprecian efectos gravitacionales en la rotación de las galaxias lejanas, es evidente que existen materias y energías oscuras que, sencillamente, no hemos recordado lo que eran.

Realmente, todos llevamos inscrito el universo en cada uno de nuestras moléculas y átomos. Conocer el universo es, en cierto modo, entender la mecánica de la sed y el crecimiento, del amor y el deterioro, de la gripe y el código genético. Creo que lo llaman mecánica cuántica, pero vaya usted a saber. A ustedes, lo del átomo les suena a amenaza nuclear y rusos desertores traficando con uranio, y lo de cuántico a la academia del FBI, pero en el funcionamiento de las partículas elementales se esconde el porqué del aroma que desprende la superespía que le tiene enamorado, el asco que despiertan las cucarachas o la armonía de una canción de Sinatra.

Así que, amigo mío, igual sería mejor beber para olvidar; seguir creyendo que la tierra es plana, que a Kennedy lo asesinó un lobo solitario o que la democracia universal aconsejaba invadir Libia, mientras dejamos a las niñas de hoy en día, como Martina, la mayor, usted ya sabe, o Casandra, la menor como le digo,  la noble tarea de recordar sin traumas ni culpas aquello que los dioses nos hicieron olvidar en venganza por lo de Prometeo y el fuego. ¡Eso sí que fue un pecado original, y no lo de la manzana, amigo Smith!

 

 

Anotación 10/XXX/18

Agente Yolanda Samuelson – Seguimiento de dispositivos – Objetivo 674

INCIDENCIA: Nuevo escrito dirigido a la célula infiltrada en Langley, tal vez en Quantico, nombre clave Smith. Identificado el N.I.E.T.A.S. (National Independence Elements Totally Armoured Organization) como organización.

 

DATOS: Objetivo 674 cita una supuesta carta de Marcia Buskayeva a Hendersson Miles. El hecho de que Znojmo sea el lugar de nacimiento de Leopold Loyka, conductor del vehículo del archiduque Francisco Fernando cuando el atentado de Sarajevo encierra una pista indudable sobre las intenciones del N.I.E.T.A.S.; Znojmo es además ciudad hermanada con Torgau, lugar donde se dieron la mano las tropas soviéticas y norteamericanas en 1945. Evidentemente, el Comando Martina, la mayor, usted sabe, planea un magnicidio para romper las relaciones entre ambos imperios.

Las referencias a Platón indican que el Comando Martina, ya sabe usted, la mayor, maneja un plan anterior, diseñado por yihadistas y desbaratado por personal de Smith, aunque Langley no habría reconocido la operación como tal, posiblemente por la participación de agentes del FBI desde su base en Quantico. (Nota: Puede ser una pista para la identificación definitiva de Smith).

El comando Martina, la mayor, usted sabe, habla de una potente deflagración y del peligro de acercarse al objetivo. El material explosivo sería gas denominado “apetina”. La rigidez del sistema de defensa que orbita en torno “al sol” sería su mayor baza táctica.

El comando Casandra, la menor como le digo, trabaja en los barrios bajos de la ciudad, donde contarían con un agente “putón”, vital para la fuga. El dibujo del ordenador señala  a los Estados Unidos por las estrellas de cinco puntas. La referencia  a “que todos llevamos inscrito el universo en nuestras moléculas” obliga a estudiar la posibilidad del uso de “mulas” que llevarían el gas “apetina” en el estómago para su introducción en los Estados Unidos. La reflexión sobre Eratóstenes indica discrepancias en cuanto al “timing” de la operación. Para la preparación del artefacto, Objetivo 674 estaría suministrando un componente  emulsionante, nombre en clave: colacao.

 

NOTA: Willams sigue empeñado en analizar cada colonia que uso en lugar de hacer acopio de veneno para la plaga de cucarachas que ha invadido el piso franco. ¡Qué asco!

Aun así, seguiremos vigilando.