Talento y dolor

Foto: Paloma Álvarez

 “Sofía Poliatinova sobrevivió a la deportación en el koljós a  pesar de su talento, pues cada vez que éste se dejaba ver en cualquiera de sus acciones, Pitre Lugarov, el comisario, tomaba nota e incrementaba su odio hacia aquella mujer… el hambre que, perenne, apretaba como fiera su estómago incluso cuando comía fue su mejor consejero para no atraer más odio del necesario y vivir un día más cada día en aquel largo invierno en la estepa”

F. Hendersson Miles (“Estepa y olvido”, 1963)

 

 

Querido agente Smith:

 

No sé si me va usted a creer, y eso que a fuerza de espiarme ya debe haber descubierto que no suelo mentir, pero es así. A Casandra, la menor de mis nietas, usted ya sabe, “le duele la tripa de tanto talento”. Lo dice en su peculiar modo de decir las cosas, que convenientemente congelado en el tiempo bien podría ser estudiado como una prueba viviente del origen indoeuropeo de las lenguas peninsulares. Le confieso que a esta niña yo no la entiendo del todo, así que a falta de un diccionario “Casandra-español; español-Casandra” recurro a Martina, la mayor, usted sabe, para que me traduzca a su hermana y en esta ocasión, no hay duda: “Abebo, Bebé dice que le duele la tripa de tanto talento”.

La familia desconoce el origen de esta frase. No sabemos dónde ha podido escucharla, ni mucho menos a quién. San Google tampoco la tiene registrada como literal en ninguna de las 126.000 entradas que ofrece como respuesta cuando le preguntas. Y el caso es que la niña lo dice con ese halo tan familiar de cachondeo, consciente de que suelta una gracia y no una queja.

Algo pudiera tener que ver el hecho de que su abuela les está enseñando a decir “me duele la cara de ser tan guapo”. Consultada la cuestión a un mi amigo, arabista de pro y versado en gramática parda, sugiere la posibilidad de una construcción autónoma del argumento a partir de la fusión de este dicho con un anuncio de moda en la radio que termina con “no hay espacio en este cuarto para tanto talento”. El Diccionario Pinkerton-Salman de Frases y Citas, recoge una referencia a Fiodorf Hendersson Miles, cuyo personaje protagonista en “Lobos cautivos” (Praga, 1965), un leñador originario de los Cárpatos, afirma con respecto a una condesa búlgara: “sabe tanto de todo que produce ardor de estómago”. Pero no creo que se trate de una referencia equiparable, pues aquí se entiende que la suficiencia o pedantería de la mujer es estomagante.

Lo gracioso es que escuchamos la frase, nos reímos, y damos por hecho que Casandra, la menor, como le digo, rebosa talento como para dolerle, aunque no tengamos nada claro de qué hablamos cuando usamos esa palabra referida a una niña de dos años.

Decía Shakespeare que “a mayor talento en la mujer, mayor indocilidad”. Entonces sí que pudiera ser, amigo espía, pues si la rebeldía, el carácter firme, la capacidad de decir “te quero ucho” cuando ella quiere decirlo y no cuando se lo piden, son síntomas de talento, a Casandra, la menor, como le digo, le sobra talento por los cuatro costados. Las marcas de dientes en el brazo de su hermana deben ser eso: una prueba del talento de la niña… Por su parte, Balzac afirmaba que “no existe gran talento sin gran voluntad”, y a fe que voluntariosa ha salido esta mi nieta.

Pero me temo, amigo Smith, que el talento es otra cosa que va más allá del carácter. Cierto que muestra una habilidad innata para trepar por cualquier superficie irregular, una flexibilidad propia de una gimnasta rusa, un extenso y particular vocabulario propio y una memoria prodigiosa. Pero nunca conviene confundir talento con habilidad, pues el talento exige voluntad, en efecto,  pero también madurez, conciencia, suerte, educación… Para que me entienda usted, Smitty de mis entretelas: en la semilla de melón está inscrito el melón, pero no es un melón.

Yo mismo soy ejemplo de talento jamás desarrollado, como en Langley han tenido que concluir de tanto estudiar mis movimientos, mis conversaciones, mis silencios… aunque de esos, de mis silencios, soy el único dueño. Martina, la mayor, usted ya sabe, a veces se encierra en un silencio levemente tozudo que exige de cierta habilidad para ser vencido, más bien convencido. Y a mí me parece que es una muestra de talento, porque pienso que en esos momentos se sabe dueña de sí, y la equiparo con Sócrates, que solo sabía que no sabía nada,  Erasmo, Hegel o Bertrand Russell…  aunque igual es amor de abuelo.

Concluyo solicitando de usted un nuevo favor, aunque nunca ha respondido a mis anteriores peticiones: ¿no sabrán ustedes, los de la CIA, si hay algún tipo de talento incipiente que pueda producir dolor de estómago? De ser así, podrían sus padres centrarse de forma más eficaz en su educación.  Y ya puestos… ¿podrían ustedes identificar si esa frase tiene origen conocido y reconocible? Por curiosidad, más que nada (y por posibles derechos de autor).

 

 

Anotación 9/XXX/18

 

Agente Willams - Seguimiento de dispositivos - Objetivo 674

 

 

Incidencia: Petición de información directa sobre el significado de un mensaje en clave por parte del investigado hacia su contacto, posible topo infiltrado en Langley. El mensaje “me duele la tripa de tanto talento” habría sido emitido reiteradamente por el comando Casandra, la menor usted ya sabe, y Objetivo 674 no ha podido descifrarlo, tras pedir confirmación del contenido al comando Martina, la mayor, como le digo.

 

 

Datos: La comunicación comienza con una cita inventada. Objetivo 674 vuelve a las andadas, y se ha inventado a un autor para introducir los conceptos de talento y dolor en un texto que los relacione. Dicho autor ha sido utilizado por el investigado en varias ocasiones, por lo que se recomienda encarecidamente la apertura de una nueva línea de investigación, vigilancia y control. Sugiero que se asigne dicha misión a la agente Samuelson, cuyo constante empeño en demostrar su superior preparación, inteligencia y talento empieza a despertar sentimientos de odio en mi persona, tal y como sucede a Lugarov con Sofía Poliatinova.

Tanto el comando Martina, la mayor, usted sabe, como el propio Objetivo 674 parecen haber sido entrenados para guardar silencio en situaciones de presión. Habrían sido entrenados por un tal Sócrates. Conviene posible identificación por parte de nuestros equipos en Atenas. Esta referencia, y el hecho de problemas con las claves cifradas podría confirmar un protocolo de emergencia que obliga a los mandos indoeuropeos de la red el uso de códigos inaccesibles para los agentes más alejados, como Objetivo 674. El agente bajo vigilancia habría pedido ayuda a su topo por si en nuestra base de datos existe algún algoritmo apropiado.

Una vez descifrado el mensaje, Objetivo 674 confirma al comando Casandra, la menor, usted ya sabe, como un equipo con capacidad de organización de movimientos rebeldes y agitación violenta, preparado para actuar en Gran Brentaña (Shakespeare) y Francia (Balzac). Paras ello, recibirían apoyo de Martina, la mayor, como le digo, desde Rotterdam, Alemania o la misma Gran Bretaña.

 Seguiremos informando.

 

Nota: Comprobar si existe relación entre el dolor de estómago y el talento, por si el Omeprazol  o la Ranitidina puedieran ser utilizados para disminuir la capacidad de los agentes enemigos.