Multiculturalidad

Yo soy como las gentes que a mi tierra vinieron

soy de la raza mora, vieja amiga del Sol,

que todo lo ganaron y todo lo perdieron.

Tengo el alma de nardo del árabe español.

 Manuel Machado (Adelfos, 1899)

 

Querido agente Smith:

 

Supongo que habrá visto usted la foto de Casandra, la menor de mis nietas, usted ya sabe, con la cabeza cubierta por un largo pañuelo a modo de velo musulmán que he compartido con mi círculo familiar.

Antes de que se ponga usted de los nervios pensando que la queremos enviar a Siria o a cualquier infierno de esos, le explico que en absoluto. Más que nada porque ahora están ustedes muy nerviosos con lo del FBI, los rusos y su presidente, y no merece la pena que desvíen más recursos públicos hacia esta operación de vigilancia tan ridícula, permítame que insista.

La verdad es que a mí sus jefes me han dado la vida, como se lo digo. Desde que sé que está usted al otro lado de mi vida me siento acompañado en las largas noches de exilio, noto su atención, sé que nunca caminaré ya solo y, entre usted y yo, que no salga de Langley, empiezo a fantasear con la posibilidad de que le asignen una compañera de esas que salen en las películas, capaces de matar a un oso pardo de una patada en el cielo de la boca y, al mismo tiempo, infiltrarse como modelo en un desfile de Victoria´s Secret. No me niegue, Smith, que lleva usted años esperando algo así, que ya nos vamos conociendo…

Pero al grano, que no está el horno para bollos. Pues verá, amigo Smith: ocurre que resulta asombroso cómo basta una tela dispuesta con cierta gracia para descubrir en una niña como Casandra, la segunda, usted ya sabe,  todo el potencial de mujer del que siempre nos habíamos sentido orgullosos en España, al menos  hasta el advenimiento  de estos tiempos extraños en los que expresiones como “ojos moros” o “gracia gitana” han dejado der ser piropos patrios para irradiar un oscuro deje de racismo trasnochado.

A mí, como usted comprenderá, me encanta la foto. Da igual que ella crea que imita a su hermana Martina, la mayor, usted ya sabe, cuando se pone una tela por la cabeza y dice que es la Virgen. Tiempo tendrán ambas de aclarar conceptos. A mí, de momento, me gusta mirar esa foto de Casandra, la menor como le digo, y adivinar en ella  una belleza mora que casualmente queda al descubierto cuando se cubre la cabeza con una tela a modo de hiyab, para qué evitar palabra de tan bella sonoridad.

De ser así, la niña habría salido a mi señora madre, sin lugar a dudas, cuyos ojos negros despojaban la luz de todo color para devolverla apenas destilada en brillo. Pero el tiempo dirá, pues a medida que crecen voy descubriendo en ellas matices nuevos que subrayan un innegable parecido con todas aquellas personas que hayan tenido algo que ver en su herencia genética, empezando por sus padres, claro está.

Créame, espía de mis días y sin embargo amigo, que no es mi intención darle la matraca con lo guapa que está la niña en la foto, algo que usted mismo habrá podido apreciar por mucha distancia emocional que comprendo deba interponer para no llamar a nuestra puerta el día de Nochebuena y sentarse a la mesa. En absoluto. Lo que me gustaría que entendiera es que hubo un tiempo en que los españoles en general presumíamos de nuestro pasado árabe, como hacíamos nuestras las virtudes de Roma, la resistencia de Viriato, la sangre de los godos o el alma montaraz de los celtas y vascones.

Ustedes son más de organizar la convivencia activa entre razas, culturas y todo eso, si se me permite la observación. Que si los chinos en Chinatown, que si los negros en Harlem, que si los cubanos en Miami, que si la Pequeña Italia o el Bronx latino. Los irlandeses a la policía y los polacos a la construcción… presumen de tierra de acogida, que lo es, pero uno allí nunca termina de sentirse norteamericano del todo, pues siempre andan que si los italo-americanos, los judíos, los afro-americanos, los red-neck, los latinos, los supremacistas del sur, los yankees de toda la vida, los indígenas, los kurdos, los persas, los árabes, los japos, los indios, los hindúes, los neoyorquinos, los irlandeses,  los californianos… ¡qué sé yo, querido amigo!. No quiero ni imaginar el tocho de papeles cuando estudien ustedes en la CIA las relaciones internacionales de las comunidades étnicas y nacionales relacionadas con zonas en conflicto, movimientos de liberación y comunismo vocacional.

Nosotros, hasta la mala pesadilla de esta pandemia de xenofobia, siempre nos hemos sentido herederos de una rica amalgama de pueblos y culturas que echaron raíces entre nosotros para florecer con enorme potencia y siempre en conflicto.  Puede que nuestra capacidad de integración sea directamente proporcional a la capacidad de matarnos entre nosotros para fomentar  después el mestizaje entre batalla y batalla. El amor y el odio son fuerzas equivalentes, y en la vieja Iberia es religión. ¿Qué si no son los celtíberos?

Sé que para su alma anglosajona esto resulta difícil de entender, y que una cosa es luchar por la democracia y libertad de Madagascar, por ejemplo, y otra muy diferente mezclar su sangre con los malgaches. ¿Sabe usted cuánto tiempo pasó desde el descubrimiento de América hasta que se reconoce al primer mestizo como castellano de pleno derecho? Menos de diez años. Por no hablar de las luchas civiles que provocaron en Al-Andalus la manía de los reyes moros de casar con esclavas cristianas. Hijo de mora fue el heredero de Alfonso VI, y agarena de perfil gitano es la Raquel protagonista de una de las romanzas más bellas de nuestra Zarzuela. Ya le digo, amigo Smith, que en España o desfilamos tras el cura en la procesión o le corremos a garrotazos en cuanto asoma revolución…  Dice Zorrilla en sus versos, que estando don Luis Megía en Francia puso en su puerta un cartel que anunciaba su llegada:

Y no trae más intereses

ni se aviene a más empresas,

que a adorar a las francesas

y a reñir con los franceses”.

Claro que Merimée cree vengar a los de su raza poniendo a todos los españoles a pies de una gitana de bandera. A diferencia de Cervantes, cuya gitanilla aunaba belleza e inteligencia, la Carmen de Merimée es “una belleza rara y agreste”, que destaca más por su valentía y amor a la libertad que por su mala cabeza.

Verá, señor Smith. Cuando estas niñas aprendan a hablar en español, irán asumiendo vocablos nuevos con toda normalidad, riéndose de quienes se rasgan las vestiduras por la adopción de avances, modas y maneras que conllevan palabras aparejadas. Incluso asumirán modos gramaticales obscenos por pura ironía, como el gerundio anglófono. Para ellas, decir cosas como siesting, tumboning, leyending o meanding les sonará tan normal como terminó siendo habitual para nosotros emplear palabras con el prefijo árabe “al”, adaptar el nombre de los días y los meses a los dioses romanos o llenar de palabras francesas las tiendas de moda y los fogones rurales. Nuestro emperador Carlos hablaba español con Dios, italiano con las mujeres, francés con los hombres y alemán con su caballo, y el Cid vestía al modo de los árabes cuando no les andaba soltando mandobles con la espada conquistada al Conde de Barcelona, que ya le digo yo  que aquí siempre aplicamos el “arrea bien sin mirar a quién”, y así seguimos, no crea. 

En esto de la multiculturalidad hay sincronías y diacronías, y lo mismo nos vale para comprobar que a la hora de enamorarse nuestra juventud jamás temió saltarse las diferencias, ni siquiera cuando de rubias nórdicas se trata, que para entender que es posible disfrutar de un atisbo de belleza mora en nuestras hijas, como en el caso de la foto, amigo Smith,  cuando no de gracia gitana, de fuerza serrana, de elegancia guipuzcoana o de arrojo nacional, que en esto igual nos valen María Pita, Agustina de Aragón, Manuela Malasaña o Mariana Pineda.

Martina, la mayor como usted sabe, ya practica su particular “viva la virgen de papaloma” para cuando le quede bien el traje de chulapa que su madre le ha comprado en wallapop, una tienda barata que aún no he logrado encontrar por más que recorro las calles de la ciudad. Y en nada de tiempo, ambas recibirán su punta de alajú antes de incorporarse a la madrugada del Viernes Santo…  Y es que a lo mejor ellas también son “como las gentes que a su tierra vinieron”, empezando por mí, que en la sangre llevo sol de Almería, niebla montañesa, vino de Rioja, agua de Lozoya, y un algo de son habanero. ¡Que gusto sentirse así, amigo Smith, qué gusto!

 

 

Anotación 5/XXX/17

 

Agente Willams - Seguimiento de dispositivos - Objetivo 674

 

Incidencia: Difusión de una foto de una niña, Casandra, la menor usted sabe, a través de la red social whatsapp, cubierta con un hiyab. Un recorte de dicha foto ha sido utilizado por el investigado para ilustrar su perfil en dicha red.

 

Datos: Nuevo escrito dirigido al denominado agente Smith, al cual señala como formado por la CIA. Dicho escrito comienza con una cita cierta, lo cual es raro porque Objetivo 674 suele inventárselas, en la que de un modo incuestionable se exalta la dominación árabe de la península. Posteriormente, trata de explicar el contenido de la fotografía como el resultado de un juego, para a continuación despreciar a los Estados Unidos de América como nación de acogida incapaz de integrar a sus numerosos grupos étnicos. Exaltación del carácter belicoso de los habitantes de la península, de la belleza de sus mujeres como fruto de la mezcla racial de siglos y anuncio de acciones de oposición a los movimientos xenófobos con campañas de contenido semántico y religioso. Menciones malintencionadas hacia el presidente Trump, y hacia los nacionales de Francia. Mención por último de un lugar denominado sin duda en clave: wallapop, donde el comando Martina, la mayor usted sabe, podría abastecerse de elementos necesarios para misiones en la capital de España, sede del Gobierno.

 

La difusión de imágenes de niñas cubiertas con yihab señala evidentes simpatías de Objetivo 674 con la Yihad. Debe entenderse que la publicación coincide con la crisis institucional generada en nuestro país por las revelaciones del presidente al ministro de Exteriores ruso sobre posibles objetivos terroristas, así como con la llegada al poder en Francia de un presidente casado con una mujer de avanzada edad.

 

Los versos han sido identificados por el departamento de Español de la Universidad de Yale como parte de una obra de Zorrilla, y vendrían a indicar una renuncia explícita a considerar al nuevo presidente Macron como un objetivo terrorista, desplazando su campo de acción a Al-Andalus, es decir a la Península Ibérica. Ningún español reñiría con un francés por seducir a la señora de su presidente, es lo que nuestros expertos en inteligencia emocional interpretan de ese párrafo leído en el actual contexto geopolítico en la zona del Estrecho. Esta idea queda reforzada con la descripción del uso de las lenguas por Carlos I, dejando el francés para los hombres y dando a entender que Merkel es bruta como un caballo.

 

Hay una evidente  llamada a la rebelión de las mujeres “de ojos moros” para que emulen a las grandes heroínas de su nación, ilustrada con la foto de Casandra, la menor usted sabe, cubierta por el hiyab, y aconsejando el uso de un material de nombre árabe: alajú, que no figura en el catálogo internacional de sustancias explosivas, ni en el de armas químicas, biológicas o nucleares. El departamento de guerra informática analiza la existencia de un posible virus “alajú”, pero no hay resultados.

 

Seguiremos informando.