"Único superviviente del grupo de camaradas que posan en la fotografía..."

Una lata de refresco

“¿Señor Hinojosa? Le llamamos de la residencia “Beatus Avis” por un asunto relacionado con su abuelo. Es importante que contacte cuanto antes con la Dirección. Muchas gracias”.

Cuando escuchó el mensaje en el contestador, Adolfo Hinojosa se temió lo peor. El abuelo Gregorio podía parecer un mueble durante semanas, un ente autista, un anciano encerrado en sí mismo que aceptaba los cuidados con una sonrisa dulce en sus ojos, pero en el fondo de aquel cuerpecillo de 92 años de edad, tan castigado por la guerra, latía un corazón que despertaba de vez en cuando para revivir el drama que marcó sus largas noches de insomnio.

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