Martina y las letras

El afán por leer hace al hombre amante del saber; el afán porque todos lean convierte al hombre en amante de la libertad.

Ibn Zaydun de Córdoba

(Foto: Javier Semprún)

 

Querido agente Smith:

Son vísperas del 23 de abril, día importante para nosotros los europeos: Cervantes, Shakespeare, el Inca Garcilaso de la Vega, la primera ley sobre qué es cerveza y qué no, San Jorge… bueno, no le canso. Todo está en la Wikipedia. Para cualquiera que se dedique a esto de escribir, es día señalado y difícil resulta que no toque conferencia, artículo, pregón o reseña. ¡Qué quiere que le diga! Supongo que a usted, el cuatro de julio le toca sisar la pólvora de las balas de la pistola no registrada que nadie sabe que guarda en el falso cajón de la mesa de herramientas de su garaje para contribuir al petardeo nacional… a cada uno lo suyo.

De balas entiendo poco, pero de pregones un rato, por lo que conviene hacer una buena labor de búsqueda de citas y frases célebres con las que aderezar cualquier texto para salir airoso del posible compromiso, que siempre surge sin cita previa, tiempo suficiente y mínimo emolumento, todo sea dicho. ¡Entre espía y espiado no vamos ahora a andarnos con zarandajas!

Parece fácil, pero no lo es en absoluto. Las de autores muy conocidos están muy trilladas. Las de autores raros, poco conocidos para el común de los mortales, suelen ser copia de las de los autores muy conocidos, o poco creíbles. Su inserción debe venir acompañada de un cierto tono de suficiencia intelectual, a modo de “¿quién no ha leído a Louise L. Hay o a Proverbio Árabe?”, y se corre el riesgo de que alguien sí lo haya hecho y pretenda mantener una conversación sobre el significado metafísico de su primeras obras de juventud. En ocasiones, la frase no encaja con lo que realmente se quiere decir, o la traducción no termina de ser digestiva para un cerebro neointernetariano capaz de explicar la Biblia en ciento cuarenta caracteres.

En estas estaba cuando llegó a mi pantalla una foto de Martina, la mayor, ya sabe. Con su lápiz en ristre se disponía a pintarrajear un viejo cuaderno con esa idea fija de todo gran autor: captar la atención del lector más próximo. Lo que hago yo con usted, querido Smitty, si se me permite la confianza. Está usted ahí, no puede dejar de atender a cuanto hago, hablo y escribo, así que Langley me ha regalado aquello que más aprecia un escritor sin tener que pagar por ello: un lector obligado. Pues Martina con un papel, un lápiz y un abuelo cerca tenía, y tiene, la misma percepción del paraíso literario. Puede emborronar un cuaderno entero, hoja por hoja, exigiendo comentarios, admiración o dudas sobre el significado de cada raya, de cada línea torcida, de cada círculo abollado surgido del libre deambular de la punta de color sobre la hoja.

En la época de esta foto, algo ya ha llovido y los niños cambian mucho en muy poco tiempo, no sé si tiene usted hijos, bueno supongo que no porque en las películas los agentes con hijos sufren mucho y se los secuestran los albano-kosovares, y toca matar malos a lo bruto…. En fin, que en aquella época Martina, la mayor, ya sabe, apenas sabía pronunciar las palabras y, sin embargo, se sabía todas las letras del alfabeto. Me encantaba cogerla en brazos y acercarnos a cualquier cartel en la calle, de esos que se pegan en los semáforos, o en las puertas de los comercios, y comprobar cómo distinguía perfectamente cada letra a poco que la tipografía fuera lo suficientemente clara.

La culpa es de su madre, sin duda, que igual que dejaba que aprendiera a navegar por la tablet con la habilidad de un hacker norcoreano, jugaba con ella a poner nombre a las letras y a los números. Poco a poco Martina fue haciendo gala de una memoria prodigiosa, aderezada por una curiosidad tremenda. Nada de lo que le pudieras mostrar como algo nuevo dejaba de llamar su atención, y todavía jugamos a ir tocando las cosas: los espejos, las puertas, las lámparas –incluso las de globo de papel, que derriba con la potencia de un rematador cubano de voleibol-, las fotos, los timbres… ¡Pero aquella facilidad para las letras, amigo Smith!

Con la llegada de Casandra, la menor, usted ya sabe, me da la impresión de que ha levantado el pie del acelerador, y más que letras y números, aprende personajes, historias y canciones, algo más habitual entre los seres de su edad. Pero en vísperas de un 23 de abril, la imagen y el recuerdo de Martina lápiz en ristre dispuesta a trazar rayas y letras cuyo nombre apenas alcanzaba a pronunciar me hizo feliz, y me ayudó a resolver el tema de la cita de este año.

Pensé en qué bueno sería que dicha facilidad se tradujera en amor por la lectura. Es importante, porque ya le digo que lleva la inteligencia digital en los genes de su generación, y no es fácil que renuncie a la inmediatez 3.0 para perderse en largos párrafos de descripción sin dibujo. Supongo que su instructor de karate se empeñaría en explicarle que los katas son importantes porque todo golpe tiene un sentido, un origen, una explicación filosófica. Ustedes, los chicos de la Agencia, son muy dados a arrear estopa porque sí;  pero amigo, no es lo mismo espatarrar de una patada en la entrepierna a un barbudo con kalasnikov que dibujar un gesto hipnótico que le lleve a admirar la levedad del ataque de la serpiente mientras que con un giro del yin sobre el yan la rápida cola del mandril imperial golpea con exactitud de cirujano el hígado desprotegido del enemigo de la fe y la civilización cristiana.

Ante una duda, a veces la respuesta no está en la solución, sino en el camino de lectura, estudio y reflexión que nos lleve a ella. Y pensando en Martina, en su persistencia ante el cuaderno, en su modo de divertirse con las letras, y en la lógica prevención sobre qué será de ella, empecé a buscar una cita original que ligara lectura y libertad. Estaba bien lo de que quien lee termina sabiendo y cosas así. Pero a mí me preocupa que estas dos niñas algún día sean o se sientan dueñas de su mente, de su vida, de su libertad. Aspiro, no se ofenda usted, Smitty, a que su libertad no dependa de que tipos como usted espíen más y mejor a gentes como yo, o disparen más rápida y certeramente a otros tipos como usted, de esos que crean que defender la libertad pasa por espiar y eliminar a tipos como usted que espían a gentes como yo.

Así que rebusqué por la mar océana de citas y frases célebres con la premisa de la libertad como bandera y fui a dar con ella en un autor cordobés, en la España andalusí del siglo XI: Ibn Zaydun.

Enamorado como un cadete de una hábil poetisa e intelectual de la Córdoba califal: la princesa Wallada, hija del califa al-Mustakfi y una esclava cristiana, vino a caer en desgracia por haberse dejado engatusar por una lagartona de cierta fama… pero eso es otra historia. Me vale su pensamiento sobre la lectura y la libertad, muy relacionado, por cierto, con lo que siglos después diría Santa Teresa de Jesús, mujer de armas tomar, como la tal Wallada.

Dicen que dijo la santa: “si lees conducirás; si no lo lees, serás conducido”. El poeta cordobés, ya en su exilio dorado en Sevilla, roto el corazón y lleno el bolsillo, pudo afirmar que “el afán por leer hace al hombre amante del saber, pero el afán porque todos lean convierte al hombre en amante de la libertad”.

Así que, mi querido Smith, comprenderá que yo no sueño con que Martina, la mayor, como usted sabe, sea una gran lectora por afán de notoriedad o acopio de sabiduría. Sueño con que lea, Casandra también, por supuesto, para que sea un alma libre capaz de comprender las ideas, las cosas, la vida desde el conocimiento y la independencia personal.

Feliz 23 de abril, señor Smith.

 

Anotación 4/XXX/17

Agente Willams - Seguimiento de dispositivos - Objetivo 674

 

Incidencia: Falsificación de una cita literaria como resultado de la habilidad para el manejo de códigos cifrados del comando denominado Martina, la mayor, usted sabe.

 

Datos: Escrito dirigido a un tal agente Smith, identificado como Smitty y ubicado en Langley, en el que supuestamente se describe la habilidad de la agente Martina, la mayor usted sabe, en el conocimiento del alfabeto a edad temprana y su aplicación extensa en soporte físico papel. Habilidad que se describe paralela a la desarrollada en el manejo de equipos informáticos, modelo tablet. Cita inventada. Siendo cierta la existencia de un poeta en la época califal de nombre Ibn Zaydun, así como su historia de amor con la princesa Wallada, no existe referencia alguna sobre la cita recogida. Fiel a la caradura que venimos descubriendo en Objetivo 674, se la ha inventado. Por escucha telefónica, hemos sabido que opina que muchas veces es mejor inventarse la cita que buscarla, algo que aprendió de un tal Jardiel Poncela.

 

Relacionar la libertad con un poeta musulmán, exiliado por la venganza de una mujer poderosa e intelectual, nos induce a pensar que el comando Martina, la mayor usted sabe, estaría preparando un ataque a las comunicaciones oficiales de algún gobierno occidental presidido por una mujer: Alemania, Reino Unido ¿una Francia bajo Marine Le Pen? El plan iría combinado con el uso de un coche o camión, lo que se deduce de la enigmática frase de Santa Teresa, “si lees conducirás, si no lees serás conducido”, de forma que la habilidad en el manejo de las letras puede ser una identificación en clave del entrenamiento para conducir vehículos explosivos en trayectos vigilados. Martina, la mayor usted ya sabe, será la encargada de seleccionar la ruta y controlar las comunicaciones de los equipos de seguridad de alguno de los gobiernos señalados.

 

La mención a nuestra habilidad innata para reducir al enemigo de certero golpe en la entrepierna es un aviso sobre la eficacia de nuestros agentes. La referencia al kalasnikov podría, en efecto, ser un mensaje de aviso de Objetivo 674 acerca de las instrucciones que, sin duda, se está viendo obligado a transmitir a los dos equipos. De hecho, se menciona a Casandra, la menor ya le dije, como segunda opción en caso de fracaso del primer equipo.

 

Mantenemos la vigilancia.

 

PD: Iniciamos análisis sobre el certero golpe de cola de mandril al hígado, acerca del cual no hemos sido advertidos por nuestro instructor japonés.