Ellas dos

Cartas al agente Smith

"Abuelicidad" es un término lo suficientemente claro como para ahorrarnos toda aclaración. Y lo suficientemente cursi, qué se le va a hacer, como para dibujar en la mente del lector todas esas cosas que te llueven de repente cuando te ponen en brazos al primero de los vástagos de tu progenie primigenia, rebuscada figura para tratar de establecer alguna diferencia de grado entre generaciones.

Conviene aclarar algo con respecto a esto de ser abuelo: todo lo que dicen es, sencillamente, verdad. Y reconocido este punto, abro sección para dar rienda suelta a algo que de repente se ha convertido en una de mis principales ocupaciones: hablar de mis nietas. Y dado que los habituales empiezan a huir de mi burbuja ante el riesgo cierto de soportar las últimas novedades que vienen a subrayar el carácter único, irrepetible y, necesariamente superior, de estas criaturas, creo decididamente terapéutico el contárselo al pobre desgraciado de la CIA que controla mi vida digital desde el día en que publiqué aquel desgraciado tweet sobre que "algún día algún país sufriría un atentado por parte de algún descerebrado".

Pues ahora, presunto agente Smith, vas a saber de mis nietas...